Mario es un estudiante de preparatoria y ha dejado las labores que podría realizar un sábado por la mañana: leer, salir a correr o quedarse en casa a ver una película. Lo hizo porque este día lo ha esperado desde hace meses; él es un voluntario más en la beatificación de Álvaro del Portillo, quien fue sucesor de Josemaría Escrivá al mando del Opus Dei.

Hoy en la ceremonia, 27 de septiembre, hay voluntarios como él de varios tipos: chicos con un chaleco azul turquesa que se ven de aquí a allá solucionando problemas y guiando personas en la explanada; niños de no más de 7 años repartiendo jugos de naranja y botellas de agua a la gente; adultos encargados de que la organización y la ejecución de reglas se realicen contundentemente, y unos jóvenes trajeados con un elemento distinguible: un paraguas blanco y amarillo.

Personas de diferentes partes de España y del mundo, apoyaron en diversas actividades // J. Arturo Roseti

Personas de diferentes partes de España y del mundo apoyaron en diversas actividades // J. Arturo Roseti

Estos dos colores son los oficiales del Vaticano y, al ser un acontecimiento importante para la Iglesia católica, se portan para la ceremonia.

Los grupos de jóvenes, en los que Mario está incluido, están situados en puntos estratégicos de las diversas secciones de la avenida principal de Valdebebas, Madrid donde casi 200 mil personas han asistido ya para el inicio de la ceremonia.

Su labor difiere del resto de los voluntarios y se puede definir con la palabra “protección”.

Ellos se encargan de salvaguardar dos elementos importantes y fundamentales de la misa: a los sacerdotes, que se han ofrecido a llevar la Comunión a los fieles, y precisamente a las hostias consagradas que serán repartidas.

Los jóvenes se acercaron a los curas y los acompañaron a lo largo de la explanada // J. Arturo Roseti

Los jóvenes se acercaron a los curas y los acompañaron a lo largo de la explanada // J. Arturo Roseti

“Tienes que esperar a que salga un sacerdote con las formas y te pones a su lado con el paraguas para indicar que ahí se puede recibir la Comunión, vas a las zonas cercanas de tu capilla y ayudas para que regresen de donde vinieron”, narra Fernando, un voluntario, quien está a pocos minutos de realizar la labor que menciona.

Mario se forma en una fila y extiende su paraguas bicolor acompañando a un sacerdote para dar la Eucaristía en la sección C y una vez que termina, la recibe él también y reflexiona hincado.

Mateo, otro voluntario, habla de su proceso para poder concretar su estancia el día de hoy: “Iba todos los sábados a un centro del Opus Dei y allí me enteré de la beatificación, le comenté a los directivos de ese centro que quería participar y ellos me apuntaron”.

Jóvenes participaron y esperaron su actuar en la ceremonia // J. Arturo Roseti

Jóvenes participaron y esperaron su actuar en la ceremonia // J. Arturo Roseti

Muchos asistentes y labores; hoy concluye una ceremonia de beatificación de extensas magnitudes que probablemente no se hubiera podido realizar sin la participación de elementos humanos voluntarios que apoyaran de diversa forma.

Mario guarda su paraguas y se aprecia una sonrisa en su rostro, ya que a pesar de haber ocupado toda su mañana de sábado sabe que esperó por meses este día y gracias a su voluntariado ha estado físicamente presente en la beatificación de Álvaro del Portillo y eso no lo cambia ni por todos los sábados restantes del año libres.

Glosario

Eucaristía: en el rito cristiano-católico es la presencia real de Jesús que se concreta en un pedazo de pan llamado hostia consagrada y este es fundamental para las celebraciones religiosas.

Galería:

 José Arturo Roseti