Imagen: pixabay.com

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Debo admitir que nunca había entrado a una tienda de videojuegos. Las había visto por fuera. Al no contar con Play Station o X Box nunca tuve la necesidad o el gusto de entrar. No obstante, siempre me llamó la atención.

Todo cambió hace una semana. Por razones que no contaré aquí entré en menos de una hora tres veces a la misma tienda de videojuegos y cada una de esas veces observé los títulos que se encontraban en los estantes. Había escuchado de ciertos videojuegos y había visto los anuncios de otros, y aunque algunos me parecían entretenidos la mayoría se me hacían agresivos. Mis pensamientos no cambiaron mucho.

La palabra ‘combate’, ‘robo’ y ‘asesino’ se repite tantas veces que no pude contar cuántas. Sangre, cuchillos, pistolas y mujeres con atuendos tentativos sobresalen de las portadas. Y lo único que pude pensar es: ¿realmente esto es lo que juegan los niños/jóvenes de hoy en día? Y mi segundo pensamiento fue: con razón estamos como estamos.

El 20 de abril de 1999 Eric Harris y Dylan Klebold amanecieron por última vez en sus vidas; y junto con ellos, otras trece personas. La diferencia es que estos últimos no lo sabían. Alrededor de las 11:19, Harris y Klebold iniciaron una matanza en contra de sus compañeros de escuela y sus maestros, terminando con la vida de doce estudiantes y un maestro. Finalmente, a las 12:08 ambos atacantes se quitaron la vida en la biblioteca tras 48 minutos de masacre.

Ésta fue la primera gran masacre en una escuela secundaria llevada a cabo por estudiantes. Desafortunadamente no fue la última. A partir de entonces ha habido 120 atentados, 70 resultando en la muerte de 213 personas. La última de ellas se dio en Oregón el pasado 1 de octubre provocando la muerte de 10 personas incluyendo la del mismo atacante.

Thomas Garabino, psicólogo y autor del libro sobre jóvenes asesinos llamado Lost Boys, afirma que este tipo de personas:

“Estos hombres jóvenes construyen una torre de ladrillos,cada ladrillo contribuye a llegar a este punto. No es el resultado de uno solo. Usualmente son personas sensibles, un poco extrañas, con experiencias de rechazo social y aislamiento, pero también se preparan para esto: juegan videojuegos violentos y de esa manera se preparan, psicológica e incluso técnicamente. Tienen esta ilusión o idea de que este gran acto de violencia les resolverá la vida. Que les ayudará a lidiar con su profunda tristeza y devolverle al mundo algo que se les ha hecho (…) El elemento en común es que están actuando en escenario estadounidense que se les es promovido a través de películas, videojuegos y la misma cultura.”

Y es que las personas pueden argumentar: ‘son juegos tontos’. Pero el problema es que sí, son juegos tontos, pero ellos no juegan, ellos practican. Es darles, por así decirlo, la experiencia y el entrenamiento, y luego lanzarlos al verdadero combate. Los creadores de videojuegos así, de cierta manera, se hacen ricos con dinero manchado con sangre: ¿de verdad vale la pena?

Estados Unidos ahora duda sobre la ley de control de armas. Después de todo, estas matanzas no hubieran ocurrido si no le permitieran a cualquier estadounidense comprar un arma. Donald Trump, precandidato republicano a la presidencia, dice a esto: “armas, no armas, no importa. Lo que matan son las enfermedades mentales.” Para lo que John Oliver, el anfitrión de Last Week Tonight, afirmó “la gran mayoría de las personas con enfermedades mentales no son violentas y la gran mayoría de la violencia armada es cometido por personas que no son enfermos mentales.”

Y es verdad. Lo que matan son las armas y el fácil acceso que se tiene a ellas. Pero hay un elemento que no se considera tanto: los videojuegos. Patéale a un perro y te morderá. Asusta a zorrillo y apestará. Amenaza a un puercoespín y liberará sus púas. Dale un entrenamiento con armas a un niño y se volverá experto. Para cada acción hay una reacción. Y en este caso la acción empieza siendo juego pero la reacción termina en masacre. La fantasía se convierte en realidad. Y lo peor de todo es que las personas que alucinan esto ni siquiera se dan cuenta de la diferencia.

Con información de: MIC, Lost Boys de Thomas Garabino y ABC News.

Maite Mainero