Imagen: Marcela Méndez

Imagen: Marcela Méndez

El sábado pasado, 26 de septiembre, se cumplió un año de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa. Todo el día estuvo nublado, lo que concordó con los grises colores de los sentimientos mexicanos. No todos estaban tristes. No todos seguimos tristes. Algunos, enojados. Y otros, la mayoría, simplemente estamos hartos.

¿Pero por qué estamos hartos? O mejor aún, ¿de qué estamos hartos? Jorge Zepeda Patterson lo dice muy bien en el diario español El País: “No, no es la economía lo que causa el desamor de los mexicanos por el gobierno de Enrique Peña Nieto, como sentenciaba para Estados Unidos la famosa frase de Bill Clinton (It’s the economy, stupid). Es la corrupción”.

Y es que casos como el de Ayotzinapa abren los ojos al mundo pero nos lo cierran a nosotros los mexicanos, no porque no queramos ver, sino porque las lágrimas de tristeza y coraje son tantas que nos los cierran.

Este año se han vivido dos casos de corrupción lo bastante grandes como para llamar la atención a nivel mundial. Y, desgraciadamente, ambos han sido ‘oficialmente concluidos’ –o al menos eso se pensaba– pero de una manera tan corrupta que nos hace dudar todavía más. Por otro lado ha habido situaciones –una que no involucra directamente al gobierno y otra que sí pero de manera irreverente– que fueron comentada y ‘concluida’, respectivamente. Estos son los casos:

  1. Caso número uno

Después de diez días de reclamos respecto de los 43 normalistas, nuestro presidente, Enrique Peña Nieto, por primera vez habló sobre lo sucedido en Iguala, Guerrero. Sin embargo, le tomó menos de un día declarar sobre los ochos turistas mexicanos asesinados en Egipto por parte del ejército.

¿La diferencia? Además de lo mencionado anteriormente, de acuerdo con El Economista hay alrededor 23 mil mexicanos desaparecidos y, no obstante no ha habido una ‘investigación exhaustiva’ acerca de sus paraderos.

¿La ironía? Peña Nieto inmediatamente exigió una ‘exhaustiva investigación’ sobre lo sucedido días después de que la Procuraduría General de la República (PGR) fuera desacreditada por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) sobre el informe del Caso Ayotzinapa.

  1. Caso número dos

El fin de semana del 16 de agosto se difundió una foto del presidente en la carrera de 10 kilómetros Molino del Rey. En la foto apareció un comentario: “#Calcetagate tines al revés y tenis totalmente verde antiecologista”. La imagen se volvió viral en las redes sociales en cuestión de segundos. Dos días después de lo sucedido, el martes por la noche, Peña Nieto, a través de su cuenta oficial en Twitter, publicó una foto en la que aparecían las calcetas y se leía: “aclarando el #Calcetagate”. Las críticas no dejaron de lloverle.

En noviembre de 2014 Carmen Aristegui publicó un reportaje de investigación el cual revelaba la existencia de una casa en Lomas de Chapultepec valuada en 54 millones de pesos que pertenecía a la primera dama, Angélica Rivera. El escándalo fue todavía más grande cuando se supo que el contratista de la casa era nada más y nada menos que Juan Armando Hinojosa Cantú, quien en es contratista del gobierno federal y que cuando Peña Nieto todavía era gobernador del Estado de México también fue uno sus principales contratistas. Semanas después la misma Aristegui reveló la existencia de dos casas más, una perteneciente a Peña Nieto y otra a nuestro secretario de Hacienda, Luis Videgaray. La investigación sobre un posible conflicto de intereses fue cerrada en agosto de 2015.

¿La diferencia? Aunque la diferencia en el nivel de gravedad de los asuntos es abismal, la eficacia en la solución de los casos no lo es. Por supuesto, una investigación sobre un posible conflicto de interés involucrando al presidente, la primera dama y el secretario de Hacienda, toma tiempo. Pero uno: la investigación jamás se debió de haber llevado a cabo por un empleado del presidente. Dos: es claro que el conflicto de intereses incrementó con lo dicho anteriormente. Tres: debería de haber una segunda investigación que involucrara a una persona externa e independiente al gobierno.

¿La ironía? En ambos casos, a Peña Nieto le salió el tiro por la culata. Con el #Calcetagate fue criticado más severamente. Con el caso de la Casa Blanca, su prestigio, tanto nacional como internacional, se fue por los suelos. The Guardian afirmó que “a mitad del mandato del presidente de México, Enrique Peña Nieto, el hombre una vez considerado el reformador en jefe se ve ahora como el líder más impopular de un país violento con una economía cojeando y una serie de escándalos de corrupción.”

Hay un dicho que dice “cada país tiene el gobernante que se merece”. Pues si eso es verdad, entonces realmente estamos en el hoyo porque necesitamos a un mandatario que quiera México, pero, aparentemente, no lo merecemos.

Con información de The Guardian, El País, Aristegui Noticias y El Economista.

Maite Mainero