“La actuación es algo que existió para mí durante toda la vida, como ir a la casa de unos tíos el fin de semana”, recuerda la intérprete Alondra Hidalgo mientras acomoda la bufanda de color café grisáceo que se envuelve en su cuello. “Con el tiempo decides quedarte más tiempo porque ya te caen bien tus primos”.

El reloj marca las 14:45 horas de un martes de octubre, mientras Alondra comienza un recuento de su trayectoria artística. Sentada en una silla de la redacción de DiarioUP, donde los rayos del sol se cuelan sin tregua, la actriz de 27 años enumera ciertos personajes que hasta la fecha ha interpretado. Algunos llegan a su mente con mayor rapidez que otros.

Su voz se moldea para dar vida, aunque solo sea por unos instantes, a Sam Puckett, la rubia rebelde en iCarly; Hinata Hyuga, una ninja tímida del universo de Naruto, y Ginny Weasley, la valiente hechicera de la ficción de J.K. Rowling. Incluso revive con un “Sí, sí, sí, sí, sí” al dinosaurio que interpretó en su infancia para la serie Pie Pequeño.

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Alondra desfiló por la alfombra rojo de los Premios Ariel 2016 | Imagen: Héctor Tapia

Los estudiantes que caminan por la zona se hacen acreedores a una gran sorpresa cuando escuchan hablar a personajes conocidos, pero al dirigir su vista a la redacción únicamente se topan con una Alondra sonriente, con una camisa de mezclilla y lentes de pasta gruesa.  

La actuación ha interpretado un papel importante en la vida de Alondra desde, literalmente, sus primeros pasos. El talento en esta actividad es la herencia que cobró en vida de sus padres, Patricia y Enrique.

“Si tienes familia en el medio, siempre estará ahí contigo, es lo normal siendo un trabajo tan absorbente”, asegura contundente.

Al tiempo que los minutos se consumen, la conversación se extiende. Los temas oscilan entre su carrera en el mundo del doblaje, sus participaciones en obras de teatro, y sus primeros pasos en el cine y la televisión.

Si existía alguna duda de que Alondra siempre está activa, 2016 ha fungido como una evidencia inapelable. Tan solo un mes atrás, la actriz concluyó la temporada de “Un Pañuelo el Mundo Es”, dirigida por Rodrigo Murray, en el Foro Shakespeare de la colonia Condesa.

Y un año antes, la vasta experiencia de Alondra en la actuación, así como su preparación universitaria en la dramaturgia, también fueron puestas a prueba en la cinta “Desierto” del director Jonás Cuarón, que llegó a más de 400 salas de cine del país el pasado mes de abril.

A continuación te compartimos lo que Alondra Hidalgo compartió durante esta visita a nuestra redacción, acerca de su trabajo detrás de un micrófono, en frente de una cámara y encima de un escenario.

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¿Cómo fue tu inicio en el mundo del doblaje?

Mi familia dice que comencé a hacer doblaje al año de edad, pero yo digo que fue a los dos para sonar más creíble. En ese tiempo no existía lo que en el doblaje llamamos M&E, en donde la pista original trae sonidos de llanto de bebé, por lo que se tenían que grabar. Desde entonces tenía mis trucos: me daban un chocolate o un elote y después me lo quitaban para que llorara.

El doblaje ha estado muy presente en tu familia con el trabajo que han realizado tus papás ¿Ellos tuvieron una fuerte influencia en tu decisión de entrar a este mundo?

Es lo normal cuando estás rodeada de personas que se dedican a eso, más cuando es tu propia familia.

De hecho, estudié un semestre en Química de Alimentos porque me encanta la ciencia, pero a los seis meses me preguntaba qué estaba haciendo ahí. Me di cuenta que eso no iba conmigo y a los 18 años entré a estudiar teatro, que es realmente lo mío.

Has interpretado a personajes de videojuegos, series y películas, algunas de estas dos últimas en formato animado. ¿Cuáles de estas ramas del doblaje se te facilitan o, en su caso, se te dificultan más?

Antes era más fácil hacer caricaturas porque los dibujos no eran tan buenos, entonces simplemente se abría la boca de los personajes y tú llenabas los diálogos. ¡Ahora, los muñequitos hablan mejor que las personas! Hay que ser más estricto y pulcro.

Hacer videojuegos puede ser muy fácil o complicado, depende de donde se vea. A veces en el guion aparece “grito de guerra” o “lucha de fulanito con fulanita” y eso no ayuda, pero te abre las puertas de la imaginación para resolverlo.

Las series me gustan más porque me dan más tiempo de conocer al personaje. Interpreté siete años a Sam en iCarly y ella tenía mucho de mí y ahora yo tengo mucho de ella. Es muy padre conocer a un personaje durante tanto tiempo.

En el cine todo es más rápido. El director te dice desde un inicio quién es el personaje, de dónde viene y hacia a dónde va. Te tienes que apegar al personaje en las pocas horas que te dan para hacerlo.

En México y Latinoamérica existe un gran cariño a los actores de doblaje, en especial a aquellos que interpretan algún personaje en un animé como tú lo has hecho. ¿Cómo ha sido tu experiencia con los aficionados a tu trabajo?

Ha sido muy fuerte. Siempre he hecho la similitud entre los animés y las telenovelas porque son muy intensos y tienen una historia fuerte, con la particularidad de atrapar al espectador e involucrarlo en la narrativa. La mayoría de las caricaturas son melodramáticas. La gente llega a identificarse tanto con los personajes que da un poco de vértigo.

Nosotros (los actores) somos el puente entre una realidad y la otra. La gente ve dibujos que no se mueven, miran o respiran como los humanos, pero sí hablan como ellos. El público al que le gustan esas cosas es súper comprometido y simplemente fantástico, pero creo que es necesario recordar que son entes que no existen.

Creciste prestando tu voz para un buen número de papeles y recientemente incursionaste en la dirección de doblaje ¿Cómo decidiste dar ese salto?

Empecé hace poco más de un año y me encanta. Cuando eres actor y trabajas en un proyecto que te gusta, de pronto te quedas a medias porque no sabes toda la información o ves el producto en su totalidad. Como director, de entrada te tienes que informar de qué va el proyecto, cómo se tiene que manejar, el tono, los actores y hasta sus chistes locales.

Es más responsabilidad pero está padre tener un proyecto en tus manos y saber que únicamente tú tienes el control. La clave está en armarse de un buen equipo de trabajo que te haga la vida fácil.

¿Qué significa para ti la cinta “Desierto”?

Un golpe de suerte. Un empujón, un poco a fuerza, para moverme de mi zona de confort. Fue la oportunidad de conocer otro lado de mí y de hacer lo que, se supone, yo ya sabía hacer. Ahí me di cuenta que el cine es súper diferente: en ritmos, tiempos y energía.

¿Podrías hablarnos de lo que más te agradó de tu participación en el proyecto?

Todo se disfruta, desde los momentos de adrenalina hasta los más tranquilos. Mi momento de mayor adrenalina fue cuando me llamaron de la producción de la cinta para decirme que me quedé con el papel de Adela.

Durante el rodaje disfruté mucho de ver trabajar al equipo y darme cuenta que es una maquinaria en la que si una pieza falla, nada funciona.

Fue todo un reto, pero afortunadamente estaba Gael (García Bernal) conmigo en los momentos complicados de la grabación, muy atento a las dificultades que yo pudiera tener con eso. Es muy generoso con sus compañeros.

¿Y lo que te pareció más complicado?

Descubrí un mundo en el que todo parece, tan fácil pero no lo es. Te tardas tanto en hacer lo que en el doblaje te lleva dos días. En ocasiones, está todo listo, pero pasa una nube y te tienes que esperar a que pase para poder gritar ¡Acción!

Estar horas bajo el sol del desierto de Baja California también fue un reto, hubiera querido estar en la playa en esos momentos. Recuerdo que en una toma tropecé con una piedra y me caí, pero seguimos rodando, ¡correr en esos terrenos es demasiado complicado! Eso fue muy divertido, aunque no haya aparecido en la pantalla.

Desierto llegó a los pantallas en un momento de tensión política y racial entre México y Estados Unidos debido a las elecciones en este último país. ¿Cómo se ve y se vive esta situación desde los zapatos de un migrante?

Estamos en una burbuja llamada Ciudad de México en donde de pronto creemos que todo el país es como aquí; hay una mentalidad centralista muy extraña. Lo cierto es que somos un país de paso, vienen muchísimas personas de Sudamérica y otras más salen de aquí hacia Estados Unidos, buscando lo que sus gobiernos no les dan.

Nunca he ido a la frontera, no me he parado ahí, así que tuve que abrir mi panorama. Vi videos e imágenes sobre lo que tienen que pasar los migrantes y el tema me hizo abrir los ojos. Comprendí que en este discurso de odio tan de moda solo somos personas, no ladrones, secuestradores o violadores.

El estreno de la película tuvo un timing tan bueno y espero que impacte a mucha gente. Lo de menos es un sujeto que se está postulando para presidente con este discurso tan de moda, lo preocupante es la cantidad de mentes que despertó este tipo y que están de acuerdo con sus ideas. Los mismos ciudadanos de un país tan diversos los que están en contra de sí mismos, eso es lo terrible.

¿Qué sientes al haber participado en una cinta que representará a México en una entrega de premios tan reconocida como el Óscar?

Es una noticia tan grande que prefiero decir “ah sí, puede ser” pero hasta enero sabremos si sí o si no está nominada. Evidentemente son muchos países los que hacen maravilloso cine fuera de Estados Unidos. Vamos como representantes de México, pero a lo mejor nos gana una película de Arabia Saudita o Australia.

Espero que sean tomados en cuenta el diseño de audio y fotografía. Quienes aún no han visto la película tienen que hacerlo solo por eso, ¡son una belleza!

¿Cómo ves a la fama? ¿Cuál es tu opinión sobre el mundo de la farándula?

Tiene sus pros y contras, pero no te voy a mentir, ¡está bien padre! Cuando te invitan a estrenos de obras o películas puedes conocer gente del medio, darte a conocer entre directores o productores y te alimentas como artista. Creo que la fama sirve para eso y nada más. A mí no me sirve que la gente sepa quién soy si me quedo en mi casa a coser lentejuelas.

Yo creo que lo que quiere un actor al hacer su trabajo es que lo vean, pero el trabajo del actor se acaba cuando termina la filmación. Después, lo que quiere es hacer otra película. La fama no me asusta, pero creo que sirve para eso, seguir trabajando.

En los últimos años has trabajado con directores como Daniel Giménez Cacho y Jonás Cuarón, ¿con qué otros cineastas te gustaría colaborar?

Soy fanática de “El Laberinto del Fauno”, amaría hacer una película con Guillermo del Toro, así fuera yo una simple estatua o monstruo en su escenografía increíble. También me encantaría participar en una película con fotografía de (Emmanuel) Lubezki, aunque sea únicamente para estar dentro del foro y ver su proceso creativo…¡Wow!  

Hace un mes concluiste un proyecto importante en tu carrera, ahora en el mundo del teatro. ¿Cómo fue tu experiencia en la obra “Un Pañuelo el Mundo Es”?

Fue muy divertida, desde el montaje hasta las funciones. En escena estábamos cinco mujeres de mi edad, con los estrógenos a todo lo que da, así que el resultado fue demasiado divertido. La obra estuvo tres meses en cartelera y ahora nos gustaría sacarla de la capital y girarla por la República.

Cursaste la “Licenciatura dramática y teatro” en la UNAM. ¿Qué tan importante fue para ti la preparación universitaria?

Yo siempre prometí que iba a terminar una carrera universitaria y cuál mejor que una que tuviera que ver con mi trabajo. En la escuela no te enseñan a actuar, te dan herramientas que puedes usar o no para procesos creativos. También obtienes contactos y equipos de trabajo.

Lo maravilloso de la UNAM es que todos terminamos siendo todólogos. En un intercambio en Ohio aprendí a montar iluminación y construir escenografía. Le agradezco a la escuela el hacerme capaz de desarrollarme en distintos ámbitos de lo que me gusta. Ciertamente sigo aprendiendo.

¿Qué es lo más bonito de lo que haces?

Todo se reduce en estar. Cuando estás grabando doblaje estás compenetrado con el personaje que estás haciendo. Cuando haces teatro estás ahí, escuchando al público y los compañeros con un estado de alerta está en 360 grados alrededor de ti. Cuando haces cine es similar, solo que tienes a la cámara viéndote los poros.

Aretha Franklin decía que ella solo he encontraba momentos de verdadera felicidad cuando cantaba en un escenario. En mi caso sería eso actuando. En esos momentos en que no soy Alondra, soy quienquiera que sea, pero completamente libre.

¿Cuáles han sido los retos más importantes a los que te has enfrentado en la actuación, ya sea en el doblaje, cine o teatro?

Dar el paso adelante. Amarrar mis pantalones y enfrentarme a los miedos. Irme al otro lado del país para grabar una película, completamente sola y alejada de mi familia.

En el doblaje somos una gran familia y ahora soy un bicho raro porque me metí al mundo del cine. A eso me enfrento, pero está bien porque sé qué es lo que quiero. Es una decisión que tuve que tomar pero ahora la abrazo y la acepto. Espero que no sea en vano y que nunca termine.

¿Qué metas por cumplir tienes en mente?

Una amiga me regaló una libreta de deseos y ahora tengo que llenarla. Lo curioso es que cada vez que me preguntan qué deseo siempre pienso “Por el momento solo comer…tal vez únicamente quiero un chocolate”.

Mi objetivo profesional es hacer dos películas al año. ¿Cómo va a llegar eso? No lo sé, pero estoy segura que será necesario trabajar mucho y tener suerte. ¡Lo voy a lograr!

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Llegan las 16:00 horas y con éstas el momento de despedirse. En su recorrido hacia la salida, Alondra admite atesorar el ambiente que guarda una universidad y ser fanática de las construcciones antiguas como las del campus México de la UP.

Y antes de regresar a sus actividades cotidianas en el mundo de la actuación nos deja puñado de recomendaciones para los lectores de Diario UP.

  • Series de televisión: Soy fan de Breaking Bad y How I Met Your Mother.
  • Libros: “El héroe de las mil caras” de Joseph Campbell y “La historia interminable”, de Michael Ende.
  • Álbum: “Hot Fuss” de The Killers.
  • Artista: Foo Fighters, ¡Dave Grohl es la onda!
  • Cita: Mi mamá solía decirme: “Vive tu vida como una comedia o como una tragedia, nunca en serio”.

Héctor Tapia Martínez