Imagen de Barack Obama y Vladimir Putin en 2013 | commons.wikimedia.org

Imagen de Barack Obama y Vladimir Putin en 2013 | commons.wikimedia.org

Las indirectas se volvieron sumamente directas esta mañana en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Líderes de todo el mundo se trasladaron a Nueva York para participar en el debate anual de alto nivel de la Asamblea General de la ONU. Entre los oradores de hoy se encontraban nuestro presidente Enrique Peña Nieto, Dilma Rousseff, mandataria de Brasil y Raúl Castro, gobernante de Cuba.

Pero la atención se la llevaron Barack Obama, presidente de Estados Unidos, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, al enredarse en una serie de desacuerdos e incluso acusaciones que hicieron resaltar viejas heridas. Y es que los mandatarios de los países que fueron archienemigos durante la Guerra Fría no habían tenido una reunión entre ellos desde hace más de dos años después de que el conflicto ruso-ucraniano comenzara.

Todo inició en 2014 cuando el pueblo ucraniano derrocó al gobierno pro-ruso de Víktor Yanukóvich quien rechazaba el acercamiento del país a la Unión Europea. Tras su salida del poder, Ucrania se vio sumergido en un conflicto interno pues las comunidades rusófilas dentro del país proclamaban sus deseos de independizarse y anexarse a Rusia. Estas protestas se llevaron a cabo principalmente en la península de Crimea y algunos territorios en la zona fronteriza de ambas naciones.

No obstante, no fue hasta marzo de ese mismo año, y sin el consentimiento internacional y ucraniano, que la península de Crimea se declaró una República Autónoma y convocó un referéndum el cual, pasados los días, la integraría a la nación rusa. Acto seguido, las autoridades rusas permitieron una movilización de tropas cuyo objetivo era ‘garantizar la integridad de los ucranianos pro-rusos habitantes de Crimea’. Estas acciones fueron rechazadas e incluso castigadas por diversos gobiernos de occidente incluyendo, y especialmente, Estados Unidos.

La tensión entre Moscú y Washington aumentó con la situación actual en Siria y Medio Oriente, ocasionada por la tiranía de Bashar al-Assad y el autodenominado Estado Islámico, respectivamente.

Actualmente, y desde hace cuatro años, Siria se encuentra sumergida en una guerra civil la cual enfrenta las Fuerzas Armadas de Siria, lideradas por su comandante en jefe, el presidente sirio desde 2000 Basar al-Assad, y diversos grupos de rebeldes que buscan derrocar al gobierno.

El conflicto, además de haber separado al país asiático, también ha dividido al mundo. Por un lado se encuentran Estados Unidos, la Liga Árabe y la Unión Europea, que apoyan a los rebeldes, y por otro se encuentran Rusia, Irán y el movimiento libanés Hezbolá, que respaldan al gobierno de al-Assad.

Ahora bien, la tercera y final situación, se podría decir, la gota que derramó el vaso, es el autodenominado Estado Islámico. Este grupo terrorista es de naturaleza yihadista suní y está, hoy en día, asentado en territorio iraquí y sirio. Surgió como una organización terrorista paralela a Al Qaeda para hacer frente a la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos en 2003. Sin embargo, en 2014 el grupo terrorista más grande del mundo cortó lazos con Al Qaeda y se autoproclamó un califato; éste reclama la autoridad religiosa sobre todos los musulmanes del mundo y tiene como objetivo declarado unir todas las regiones habitadas por musulmanes.

Desde entonces se han encargado de cometer masacres bajo el argumento de hacer una limpieza religiosa, asesinar periodistas de todas partes del mundo y hacer públicos los vídeos de sus homicidios y, finalmente, destruir patrimonios culturales de la humanidad.

Ambos conflictos, tanto el sirio como el del EI conllevan a una de las crisis humanitarias más grandes que se han visto desde la Segunda Guerra Mundial, comenzando por la crisis migratoria que actualmente se vive. Es por eso que los líderes mundiales consideran que es fundamental lidiar con la situación. No obstante, las diferencias ideológicas entre Rusia y Estados Unidos privan al mundo a tomar acciones definitivas para acabar con los conflictos.

Mientras que Putin considera que la solución es apoyar a al-Assad pues insiste que sólo “las fuerzas armadas del Presidente Assad combaten realmente al Estado Islámico y otras organizaciones terroristas en Siria.” Obama, por su parte, afirma que “después de tanto derramamiento de sangre no podemos volver al ‘statu quo’ en Siria” y agregó que si se seguía la lógica de Putin, entonces “deberíamos respaldar a tiranos como Bashar al-Assad, quien lanza bombas para matar a niños inocentes, porque la alternativa seguramente será peor.”

Diferentes ideologías, un mismo problema, es decir, una sola solución. Definitivamente, alguien tiene que ceder.

 

Con información de Wikipedia, El Observador.

Maite Mainero