La debacle comenzó en mayo de 2013. Cruz Azul, un equipo bien reforzado, con grandes incorporaciones como el argentino Nicolás Bertolo o el cafetalero Teófilo Gutiérrez juagaba la final de la liga doméstica bajo el mandato de Memo Vásquez. La Máquina venían de ganar la Copa MX, después de 15 largos años de sequía. En un partido complicado, venció en penales al legendario Atlante y pudo guardar otro trofeo dentro de sus vitrinas.

Pero de la alegría a la tristeza hay solo un escalón. Solo un mes después de ganar la Copa, en mayo, el Cruz Azul se encontraba en el Azteca para disputar la final de la Liga de futbol mexicano, en contra del acérrimo rival capitalino el América.

Ese partido, antológico, estuvo lleno de momentos que han quedado en la memoria de los aficionados: el golazo de Teófilo Gutiérrez a favor de Cruz Azul, las celebraciones surrealistas del Piojo Herrera, el entonces entrenador de las Águilas, y el festejo, sin camisa de Emilio Azcárraga, el dueño de Televisa.

Especialmente memorable fue el cabezazo del portero del América, Moisés Muñoz, en el último minuto, que desvió el balón y consiguió la anotación que empató la final en su marcador global de 2-2. Los Cementeros, disminuidos y en estado de incomprensión, fueron vapuleados en la tanda de penaltis. Su ansiado título se extinguió de una manera dramática.

Desde esa noche, el Cruz Azul ha dado tumbos por la competición liguera. No han llegado los resultados deseados; las contrataciones no han dado los frutos esperados e, incluso, se ha registrado una creciente desilusión de la afición, que se ha ilustrado en un Estadio Azul con grandes boquetes en las gradas en la mayoría de los partidos.

Los directivos del equipo han buscado soluciones por todas partes. Los entrenadores han rolado de manera constante, sin lograr que los engranes de la Máquina vuelvan a funcionar de manera fluida. Desde 2013, ha habido 5 entrenadores cementeros.  Fernando Tena, Sergio Bueno, Joaquín Moreno, Tomás Boy y, el más reciente, Paco Jémez.

Todos han llegado a la Noria con el objetivo de regresar al equipo a su antigua gloria y poder conseguir el ansiado título de liga. Todos han fracasado y cada uno ha sido cesados de manera anticipada. Paco Jémez, la última esperanza de la afición celeste, es un veterano de la Liga Española, que ha logrado integrar en el Cruz Azul un juego vistoso y dinámico, pero con unos resultados tan desalentadores que ya se acerca la sombra del descenso.

Los fichajes han sido otra decepción. Jugadores que prometían, que venían de dar grandes temporadas y que en el Cruz Azul bajaron en su rendimiento. Nombres como Carlos Lizarazo, Federico Carrizo, el Cubo Torres o Maranhao son solo algunos de las fracasadas incorporaciones celestes.

Achille Emana, internacional camerunés y jugador de gran experiencia en el futbol europeo, llegó al combinado cementero en 2013, donde solo jugó 15 partidos y marcó 6 goles; la banca fue su posición predilecta.

Otra flagrante afiliación fue la del goleador paraguayo Roque Santa Cruz. Proveniente del Málaga, donde había anotado 23 goles, en el Cruz Azul se convirtió en el jugador mejor pagado de México, con un salario de 2 millones de euros al año. Su temporada fue un fiasco, llena de lesiones, actitudes arrogante con sus compañeros y solo 4 goles anotados.

Actualmente, el Cruz Azul se encuentra en la posición número 14 de la tabla, fuera de los puestos de Liguilla. Lleva 4 victorias, 5 empates y 6 derrotas. Desde el Apertura 2014 no ha llegado a la máxima fiesta del futbol mexicano y en la actual temporada, se vislumbra muy complicado.

Tiempos difíciles se ciernen sobre el equipo cementero.

Santiago Díaz-Dopazo