Poner atención a una clase es difícil cuando se sabe que tus días en el país que te vio crecer pueden estar contados. Es más complicado aún cuando se convive diariamente con el temor de despertar a la mañana siguiente en un lugar desconocido, separado de tu familia.

Esta es la realidad de más de un millón de jóvenes mexicanos que cursan los estudios de bachillerato y universitarios en Estados Unidos. Mexicanos que, en numerosos casos, no hablan español o no han estado en su país de origen desde que tenían dos o tres años de edad.  

Cuando los llamados dreamers son repatriados, su futuro profesional se ve limitado a un call center o trabajos de la misma índole, donde únicamente son aprovechados por su dominio del idioma inglés, sin reparar en sus aptitudes y habilidades.

La promesa de no deportación a este grupo, impulsada por el ex presidente Barack Obama, se esfuma con cada acto de la nueva administración de Donald Trump en contra de los migrantes.

Ante este escenario, el gobierno mexicano se ve en la necesidad de implementar nuevas medidas que prevean el recibimiento de estos jóvenes y garanticen su adaptación al modelo educativo nacional.

El poder legislativo, a través de la Comisión de Educación Pública y Servicios Educativos, organizó la mesa de trabajo “Estado, Educación y Migrantes” el pasado lunes 6 de marzo en la Cámara de Diputados.

Hasta 14 expertos en la materia aportaron sus ideas al proyecto de decreto del presidente Enrique Peña Nieto para reformar la Ley General de Educación para darle cabida a los deportados en el sistema de enseñanza del país. Entre los ponentes se encontraba María del Carmen García Higuera, directora de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana, campus México.

En su oportunidad, la doctora en Educación expuso los resultados de una investigación que realizó en los más de 10 años que vivió en Estados Unidos, la cual complementó con su experiencia personal y familiar en dicha nación.

Explicó que el proceso de adaptación al sistema educativo nacional de los llamados dreamers es complicado desde un primer momento, ya que de los 12 millones de hispanos matriculados en el sistema de educación básica y media superior estadounidense, un número considerable prefiere omitir el hecho de que son mexicanos.

“¿Cómo se puede hacer para admitirlos de una manera fácil o correcta, si no se sabe exactamente cuántos son?”, comentó García en entrevista para DiarioUP.

El siguiente paso del proceso es la revalidación de los estudios de los alumnos, el cual calificó como tortuoso. Se tiene que certificar y traducir los diplomas que acrediten el grado de estudios, así como garantizar que la institución sea de buen nivel.

Las barreras no se terminan una vez que el alumno llega a México. La discriminación por parte de compañeros y docentes es una amenaza que se traduce en apodos como “cholo” y “chicano”.

García compara esta situación con el trato que reciben en universidades de nuestro país los estudiantes de comunidades indígenas, de quienes se tienen bajas expectativas porque se asume que provienen de un nivel socioeconómico bajo.

“El que llegó a la universidad es un estudiante muy valioso, que ha sabido superar obstáculos. Si los vas a acoger en un ambiente de rechazo y discriminación, no es justo”, asegura.

Ante esta problemática, la también directora del Centro de Innovación Educativa propone lo siguiente:

Sensibilizar a las universidades y su comunidad para recibir de manera adecuada a los jóvenes repatriados. Para esto, sería necesaria la implementación de cursos de español y redacción, así como la facilitación del apoyo psicológico óptimo para garantizar una buena adaptación a su nuevo entorno.

También propone aprovechar la pluralidad cultural con la que cuentan estos estudiantes, ya que ellos tienen un punto de vista moldeado desde dos usos y costumbres distintas.

García es contundente al afirmar que, actualmente, las universidades mexicanas, tanto públicas como privadas, no tienen ni los recursos ni las capacidades necesarias para admitir a estudiantes repatriados.

Invita a que el gobierno y las autoridades escolares destinen fondos específicos para el alojamiento, los cursos de idioma y la ayuda psicológica que requieran estos jóvenes.

“La educación es un deber ciudadano y humano, pero no se puede solo recibir alumnos y ya”, sentencia. “No se trata solamente de voluntad. Si no se tienen los recursos, la organización y la conciencia universitaria adecuadas, los estudiantes que lleguen no se van a integrar a nuestro sistema”.

En la mesa de trabajo “Estado, Educación y Migrantes” también participaron académicos de las universidades autónomas de Morelos, Oaxaca, Zacatecas y Guerrero, así como miembros de la Unión Nacional de Padres de Familia y de la Red por Derechos de la Infancia en México.

¿Quiénes son los Dreamers?

Los dreamers son todas aquellas personas susceptibles de ser protegidas por la Ley de fomento para el progreso, alivio y educación para menores extranjeros (Dream Act, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

María del Carmen García hace hincapié en que se entienda a este grupo no bajo la concepción de soñadores, sino como de quienes buscan sosiego de la idea de ser deportados.

Para que alguien sea considerado dreamer y pueda permanecer en el país de las barras y las estrellas con el derecho de educación y trabajo, debe cumplir con alguno de los siguientes requisitos:

  • Tener de 15 a 30 años de edad y estar cursando o haber concluido los estudios de bachillerato o universidad, habiendo ingresado sin papeles a Estados Unidos cuando era niño.
  • Ser niño migrante de entre 5 y 14 años de edad con la posibilidad de cursar estudios de bachillerato.
  • Tener de 15 a 30 años y contar con la posibilidad de obtener un diploma de bachillerato.

A continuación te compartimos algunas cifras del National Center for Education Statistics (NCES) del Departamento de Educación estadounidense.

Héctor Tapia Martínez