Después de meses de inactividad, la Champions League volvió a su actividad para brindarnos sendos partidos en su ronda de octavos de final. Todavía faltan por jugar cuatro compromisos, que se disputarán hoy y mañana, pero, con lo ya jugado, el torneo ha demostrado que la épica, la sorpresa, la emoción y los goles son elementos permanentes dentro de sus partidos.

La nota destacable fue la abultada derrota sufrida por el Barcelona en su visita al PSG en París. Cuatro goles fueron los que recibieron los catalanes, sin que ellos marcaran ninguno.

La hecatombe futbolística para el equipo español, vista por la prensa deportiva como el final de un ciclo, podría desembocar en el fin de la época Luis Enrique sobre el banquillo azulgrana.

Deslucido fue el juego mostrado por el combinado de Messi, Neymar y compañía; con el astro argentino desaparecido en todo el partido y con un medio campo inoperante debido a la inadecuada lectura de juego por parte de André Gomes, fichado el verano pesado y que no ha demostrado buen futbol.

En diversas ocasiones durante la presente temporada, se han visto actuaciones del Barcelona que han encendido las alarmas y es que su despliegue operativo ya no es convincente y brillante como en años anteriores, parece apostar, en cambio a la búsqueda desesperada de lances individuales, carente de juego colectivo. Luis Enrique está en la cuerda floja y la remontada se ve muy difícil.

Por el otro lado, el PSG mostró a un combinado inteligente, rápido y dominador. Su éxito se basó en una presión incesante hacia el equipo rival, materializada en robos de balón y vertiginosas transiciones de juego, que provocaron la existencia de muchos huecos en la defensa catalana.

Julian Draxler, reciente fichaje de los parisinos, fue un peligro constante en su banda, capitalizando las oportunidades. El medio del campo, liderado por los jóvenes Adrien Rabiot y Marco Verratti, fue el centro neurológico de los ataques con balones filtrados y una constante presión sobre los mediocampistas rivales. Al final, los goles de Draxler, Edinson Cavani y el doblete de Ángel Di María sentenciaron el partido y, posiblemente, el pase a cuartos de final.

La otra gran noticia tuvo lugar en Alemania, específicamente en Múnich. El equipo inglés del Arsenal fue humillado con una contundente victoria por parte del Bayern Múnich, quienes ganaron por 5 goles contra 1. Esta masacre ha dejado al descubierto, de manera cruel, la debilidad del equipo londinense.

Las tácticas, ideas y funcionamiento del equipo de Arsène Wenger no han logrado calar y ser exitosas, provocando su eliminación temprana en las ultimas 10 ediciones del torneo europeo. Estos fracasos han golpeado la reputación del equipo, una escuadra que poco a poco se ha convertido, para los especialistas, en un sinónimo de mediocridad y resignación.

Los goles de los bávaros se debieron al trabajo de un equipo compacto y fuerte en el medio campo. Xabi Alonso y Thiago Alcántara fueron los arquitectos de la escuadra, tejiendo jugadas y repartiendo balones. Las bandas estuvieron peligrosas por el juego horizontal de su veterano carrilero Philipp Lahm, quien se encargó de generar centros quirúrgicos hacia el área enemiga toda la noche. El Arsenal, reducido a un mero espectador ante el juego veloz del equipo alemán, dirigido por Carlo Ancelotti, sepultó sus oportunidades de llegar a cuartos, debido a los goles recibidos, firmados por Thomas Müller, Robert Lewandowsky, Arjen Robben y con doblete de Thiago.

Los otros juegos quedaron con victoria del Real Madrid 3-1 sobre el Napoli y el triunfo del Benfica 1-0 sobre el Borussia Dortmund.

Santiago Díaz-Dopazo