Se han escrito tantas cosas acerca del amor. El más común es el de pareja, luego hacia tus amigos, tus padres, hermanos, etc. Inclusive se ha escrito sobre el amor al conocimiento; como Platón lo veía: en la búsqueda del bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. Y, finalmente, también la fe es una forma de amor, como aquellos religiosos que reconocen el amor en Dios.

Pero, ¿quién ha escrito acerca de lo opuesto al amor? No, lo opuesto al amor no es el odio. Es cierto que casi todas las películas de amor vienen de la mano con el odio, alguien que impide que estén quienes se aman. Pero en  realidad ese no es el lado opuesto del amor.

Lo opuesto al amor no es el odio. Lo opuesto al amor es la indiferencia. Elie Wiesel bien dice: “Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte.”

¿Qué es la indiferencia? Creo que la indiferencia es la más grande desgracia humana que puede existir, porque inclusive en el odio existe un poco de amor e interés en la condición humana.

En la indiferencia no existe nada más que un vacío que no se llena jamás. Es la falta de interés en el ejercicio cotidiano de los individuos, así como la pérdida de los valores trascendentales o supremos. La indiferencia es insensibilidad, desapego y frialdad.

¿Por qué somos indiferentes? ¿Lo usamos como mecanismo de defensa para no sufrir? ¿A qué le tememos tanto? Hoy en día vivimos inmersos en un mundo lleno de indiferencia. Caminamos como seres incompletos, somos mitades que no odian, pero tampoco aman, que no desprecian, pero tampoco aprecian. Ya nadie busca autorrealizarse.

Se conforman con la simplicidad. Ya nadie cree en nada, no tiene fe ni esperanza, no temen pero tampoco se motivan por nada. El mayor dilema está en que cuando se es indiferente ya nadie siente, ya nadie actúa y sin acción, nada existe. Así como diría Martin Luther King: “no me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena”.

La indiferencia es, como la definiría la Madre Teresa de Calcuta: “La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis sino más bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos.

El mayor mal  es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad.”

Creo que la mayoría preferimos que mínimo nos odien si no nos aman, porque lo único que da más miedo que la muerte es la indiferencia.  William Shakespeare decía que: “el peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia”. Esa, es la esencia de la decadencia humanidad.

Sí, la realidad no va a dejar de existir porque se le ignore, como diría irónicamente Saul Bellow:

– ¿Cree usted que hay alguna distinción entre la ignorancia y la indiferencia?

– Ni lo sé, ni me importa.

foto-alcaldeANDREA ALCALDE SALGADO

Ciudad de México, 23 de julio de 1996. Toda mi vida he buscado conocer la verdad, no fue sino hasta que comencé a amar la lectura que la encontré. Pero me di cuenta que la única verdad existente es la que uno se crea para sí mismo. Y la verdad es esta: Soy una joven de 19 años de cabello negro, esbelta, alta y ojos oscuros. Me encanta el chocolate y la música, combinados con un buen libro son mi tríada perfecta. En ocasiones soy tanto así que aún creo que un buen texto puede salvar a la humanidad.

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