Mahmoud Abbas | Foto: es.wikipedia.org

Mahmoud Abbas | Foto: es.wikipedia.org

Por casi un año los periódicos internacionales habían prácticamente dejado de hablar sobre el conflicto árabe-israelí. Tras varios meses en que subían las cifras de muertos en Gaza después de los múltiples bombardeos por parte de Israel el verano pasado, el mundo había dado un respiro. El asunto parecía haber quedado atrás. Sin embargo, en donde hubo fuego cenizas quedan.

Todo comenzó el 30 de septiembre cuando el presidente palestino Mahmoud Abbas, en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), afirmó que su gobierno no seguiría cumpliendo con los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993 junto con Israel. Y es que, de acuerdo con la autoridad palestina, a lo largo de todos estos años el último no ha cumplido con sus obligaciones.

En los acuerdos, Israel se comprometía a aceptar un estado Palestino y reducir el crecimiento de los asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén Este. Sin embargo, según Abbas, éste no ha cumplido con su parte por lo que “nosotros por lo tanto declaramos que no podremos continuar estar ligados a estos acuerdos y que Israel debe de asumir todas sus responsabilidades como un potencia ocupante”, aseguró el líder de ochenta años.

Como respuesta a las amenazas de Abbas, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró que él, junto con su administración, está dispuesto a negociaciones de paz “de inmediato y sin condiciones previas.” Por otro lado, le pidió a los palestinos que no huyeran de las negociaciones de paz y que, también, respeten sus propios compromisos.

Paralelo a estos hechos, Israel bombardeó distintos puntos de Gaza durante la noche del 29 de septiembre en respuesta al lanzamiento de un cohete el cual provenía de la franja palestina. “Durante la noche, un cohete fue disparado al sur de Israel desde la Franja de Gaza”, informó un comunicado por parte del ejército israelí.

Tres días después, el 2 de octubre, la tensión en Cisjordania, territorio disputado por ambos desde mediados del siglo pasado, aumentó tras el asesinato de dos israelíes a manos de palestinos. Debido a esto, el Ejército israelí reforzó ese mismo día la seguridad en el área de Nablus con cuatro batallones y comenzó una operación de búsqueda en la zona para localizar a los atacantes de la pareja.

Los enfrentamientos no tardaron en llevarse a cabo. Hubo confortamientos entre la policía israelí y civiles palestinos durante la mayor parte de la semana. No obstante, estas disputas subieron de nivel el viernes. La policía de Israel tuvo que recurrir a granadas de aturdimiento y fuerza bruta para contener a los protestantes en la entrada de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

El mundo pudo haber dado un respiro. Pero como dice el dicho en inglés: don´t hold your breath (no contengas las respiración). Era cuestión de esperar; qué tanto y por cuánto tiempo nadie sabía, pero lo que sí era seguro era que los estallidos y los muertos comenzarían de nuevo. Y aunque todavía no hemos llegado a esos niveles del conflicto, a pesar de que, en efecto, ya ha habido muertos, los motores han comenzado a calentarse.

Con información de: The Washington Post, El Tiempo, Excélsior, El País y The Guardian.

Maite Mainero