Foto: imagen.com.mx

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“El 2 de octubre no se olvida” pintan pancartas y gritan manifestantes a coro todos los años. Desde noviembre de 2011 el Congreso de la Unión declaró el 2 de octubre día de duelo nacional: la fecha que pintó de rojo la Plaza de las Tres Culturas en el año de 1968 es recordada en las calles, casas y escuelas.

Recordemos que en julio de 1968, durante la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se manifestaron en contra de la represión por parte del cuerpo de granaderos —agrupamiento especial de la Secretaría de Seguridad Pública encargado de preservar el orden público— a movimientos estudiantiles. Ante el desalojo por la fuerza de planteles académicos, la UNAM creó el Consejo Nacional de Huelga, que fue apoyado por el entonces rector, Barros Sierra.

Las movilizaciones se prolongaron durante los siguientes tres meses y se redactó el Pliego Petitorio, el cual esclarecía seis puntos:

  1. Liberación de los presos políticos (en su mayoría, estudiantes y simpatizantes del movimiento detenidos durante las represiones).
  2. Eliminación del delito de disolución social, contemplado en los artículos 145 y 145 bis del Código Penal para el Distrito y territorios federales (derogado hasta 1970), que operaba cuando el agente activo del delito realizaba “actos de provocación con fines de perturbación del orden o la paz pública”.
  3. Supresión del cuerpo de granaderos.
  4. Destitución de los jefes encargados de la policía, Luis Cueto y Raúl Mendiolea Cerecero.
  5. Indemnización a las familias de los estudiantes muertos y heridos.
  6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios encargados de las represiones.

Ante la negativa de negociación por parte del gobierno de Díaz Ordaz, el Consejo lanzó una convocatoria para manifestarse, a diez días de la inauguración de los Juegos Olímpicos, el 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco. Según testigos, alrededor de las seis de la tarde, a pocos minutos de iniciado el mitin, un helicóptero del ejército mexicano lanzó bengalas que abrieron fuego a francotiradores y militares que procedieron a atacar a la multitud.

En su quinto informe de gobierno, el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, asumió íntegramente la responsabilidad personal, social, ética, jurídica política e histórica por lo ocurrido en Tlatelolco pero hasta el día de hoy, 45 años después, el número de muertos sigue siendo desconocido, aunque se especula que fluctúa entre los 300 y 500, con más de 2 mil detenidos.

Para no olvidar esta fecha, intelectuales mexicanos han escrito diversos libros, entre los que destacan La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, México 68: juventud y revolución de Julio Scherer y Carlos Monsiváis y 68 de Paco Ignacio Taibo II, por mencionar algunos; además de producciones cinematográficas como Tlatelolco, verano del 68 dirigida por Carlos Bolado. Pero la principal responsabilidad de los mexicanos es no sólo recordar, sino informarse, entender el contexto y no desviar los ideales relacionados con la exigencia de los derechos humanos. Recordar para evitar un retroceso.

Por Valeria Ordoñez Ghio