Foto: www.clubamerica.com.mx/

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Desde el primer “goya” era evidente lo inevitable: el América, en afición, era visitante. Ensordecedora la afición felina, entre petardos, humo, rollos de papel y banderas izadas al cielo, ocupando todo el fondo sur del Estadio Azteca.

Una vez dado el silbatazo inicial, el primer disparo potente del América no salió muy lejos del arco de Palacios –engrandecido todo el partido–, por encargo de Osvaldo Martínez. Era el primer aviso del equipo local, superado en la tarde por sus propios errores tanto en la delantera como en la defensiva. El partido transcurría sin sobresaltos hasta que Sambueza cometió un grave error en la salida, para que Ludueña frotase la lámpara tras pase de Cortés. Era el 1-0 al minuto ocho. Poco premio a un Pumas con suerte.

El América quiso volver al partido inmediatamente, pero la defensa de Pumas estaba firme al despejar los centros que caían en el área de Palacios, héroe y figura de la noche. Layún probó sin suerte, como también lo hizo Raúl Jiménez, para toparse –entre tantas de la noche– con el arquero felino.

Las diagonales de Pumas a la contra daban impresión de ser peligrosas, incluso sin ser continuas, sobre todo si el América jugaba con una línea en defensa de tres. Hay que decir que a Mohamed se le volteó el marcador en un momento difícil: el América tenía la pelota y, con ella, las ocasiones, si bien el Turco planteó bien el partido.

Avanzado el tiempo se cumplió aquel bello refrán popular: tanto va el cántaro a la fuente que ésta se rompe. El América empató con Raúl Jiménez tras definir en el área chica a un centro de Paul Aguilar. Era el 1-1 al minuto 27. Seguía atacando y buscando el segundo el conjunto de Tlalpan cuando Martínez, a escasos segundos del empate, casi vuelve a marcar para delirio de un Azteca pletórico.

El planteamiento de Mohamed, ad hoc a la pizarra, era cumplido de manera coruscante por el club americanista. El de Pumas, con Trejo de estratega, también –con la diferencia de que el planteamiento felino era totalmente arisco–. El América daba su mejor versión en mucho tiempo dentro de un terreno de juego, y Palacios agrandaba su figura conforme pasaban las ocasiones, sobre todo al atajarle con el pie un gol cantado a Luis Gabriel Rey, frustrado de cara a gol. Otra marabunta en el área tras un córner y Palacios, a bocajarro, volvió a ahogar otro grito de gol en la calzada de Tlalpan.

Pumas volvió a llegar después de cuarenta minutos, solamente por un eureka de Bravo, que no pudo rematar finalmente Cortés. Martínez falló otro mano a mano, con Palacios ya vencido en el suelo, en otra decepción americanista. Así acabó la primera parte: injusta para los de Coapa y muy barata para los de Insurgentes.

La segunda parte comenzó con un exabrupto que modificó todo para el América: la ridícula auto expulsión de Francisco Rodríguez. El América, con todo a favor para la segunda parte, tuvo que cambiar su esquema táctico. Pasó de 3-5-2 a un 4-3-2 al defenderse y 2-5-2 al atacar postquam de la expulsión. Aun así, la primera jugada de la segunda parte fue para el América, con un disparo al lateral de la red por parte de Paul Aguilar tras internarse en el área de Pumas. A ello le siguió un atajadón monumental de Palacios, la enésima del partido, una vez más ante Jiménez.

Por momentos, con la subida de Aguilar, quien seguía ejerciendo de carrilero en la banda derecha, el América partía la formación y quedaba sólo con dos defensas, suficiente para que Pumas se animase a matar al contraataque. Ya había oportunidad para hacerlo y para disparar al arco también, y eso Ludueña lo evidenció. Sosa entró por Cabrera, en un movimiento extraño, cuando Palacios volvió a salvar un cabezazo donde luego Jiménez mandó a la gradería el rebote.

Acto seguido, Ludueña también falló un mano a mano ante Moisés Muñóz, quien le atajó con la mano izquierda el balón. El partido para el América empezaba a cantar las cuarenta, aunado a Marco Antonio Rodríguez, el árbitro, sacando tarjetas cual regalos de Navidad.

Falta a la frontal y Ludueña rompió el empate ante el delirio del fondo sur del coloso de Santa Úrsula. Una colocación lírica y preciosa del balón por parte del argentino, a la horquilla del arco americanista, como una estaca en el corazón del águila. Matizable y discutible la decisión de Muñoz de no ordenar barrera, teniendo en cuenta que Ludueña es uno de los mejores tiradores de tiros libres en todo México, y que ello sometió a todo el equipo americanista a jugar a la ruleta rusa con la falta en la frontal.

El Azteca ya tenía plantada la bandera sonora de la UNAM, donde un siguiente “goya”  –ni siquiera en el Olímpico Universitario he escuchado uno así– retumbó en los muros del estadio a tope de decibelios, con una muchedumbre enloquecida y arrodillada hacia su equipo. Una genialidad y un error habían decidido gran parte del partido, siendo el complemento una colosal actuación del arquero de Pumas.

Con el centro del campo inexistente y el partido roto, los arqueros –sí, ambos– se echaron flores sobre sus figuras. El América penaba en defensa y Pumas estaba in gaudium dentro del campo.

Otro cambio de Trejo, con un Bravo santificado por la afición, dando lugar a Ramírez. Mientras el Azteca se caía, Pulmas clavó la última estocada –aunque pudieron ser más–, cortesía de otro grave error defensivo de la zaga americanista. El recién entrado Ramírez fue el encargado de subir el tercero visitante en el marcador.

Al final incluso Pumas desperdició dos goles más para menor rubor en el club local, que no dejaba de sufrir el dolor de la derrota dos años después en el clásico de la ciudad de México. El club visitante se había despachado a gusto.

Si alguien pregunta por qué perdió el conjunto de Tlalpan, no culpe a Marco Antonio Rodríguez, culpe al otro Rodríguez –al Maza–. Pumas está de vuelta, por eso asaltó Coapa.

FICHA TÉCNICA

0-1: Ludueña al minuto 8. (PUM)

1-1: Jiménez al minuto 26. (AME)

1-2: Ludueña al minuto 68. (PUM)

1-3: Ramírez al minuto 82. (PUM)

Expulsado: Francos Rodríguez (AME)

Asistencia: Aproximadamente 85 mil espectadores.

Santiago Sampere