Imagen: logotipo de Malaysia Airlines | facebook.com/malaysiaairlines

Imagen: logotipo de Malaysia Airlines | facebook.com/malaysiaairlines

El mundo se preguntaba qué había pasado. Se había convertido en un combate de palabras: él dijo, ella dijo, o más bien, ¿él hizo, ella hizo? Pero, finalmente, tras más de un año de espera, la verdad por fin salió a la luz.

El 17 de julio del año pasado el vuelo 17 de Malaysia Airlines fue derribado a 40 kilómetros de la frontera ucraniana con Rusia. Este último hecho hubiera pasado desapercibido de no ser porque, en ese momento, el conflicto ruso-ucraniano se encontraba en su apogeo. El MH17 partió de Holanda e iba rumbo a Kuala Lumpur, Malasia. Sin embargo, su trayectoria nunca se cumplió.

Con 283 pasajeros –la mayoría de ellos de nacionalidad holandesa– y 15 miembros de la tripulación, el avión se estrelló en la villa de Grábovo; zona que se encuentra en guerra civil. Las sospechas no tardaron en crearse y los dedos inmediatamente apuntaron a los dos posibles responsables: los rusos o los separatistas ucranianos pro-rusos. Ambos negaron las acusaciones.

Instantáneamente comenzó una investigación en la cual funcionarios de inteligencia de Estados Unidos afirmaron que el causante era un misil tierra-aire con propietario desconocido. El gobierno ucraniano en Kiev no tardó en culpar a los rusos y a los milicianos pro-rusos mientras que estos últimos, por su parte, acusaron al ejército ucraniano. El presidente estadounidense, Barack Obama, por otro lado, quien es aliado del gobierno ucraniano, aseguró que había “clara evidencia de la responsabilidad de los rebeldes pro-rusos”.

Finalmente, las acusaciones y suposiciones terminaron. Según el Consejo Holandés comisionado de la investigación oficial, y que se centra en aspectos técnicos y no en culpas, la causa del derribo del avión se atribuye a un “misil Buk de fabricación rusa, disparado desde el este de Ucrania (…) el proyectil alcanzó el aparato por el lado izquierdo y fue lanzado desde algún punto al sureste de la localidad de Grábovo.

Y es por estos datos que ahora el presidente del Consejo, después de entregar su informe al Parlamento, afirmó que “si bien las líneas de demarcación fluctúan, el lugar estaba en aquel momento en manos de separatistas pro-rusos.” Lo que despertó el enojo de Rusia, que negó cualquier relación con el suceso e, incluso, calificó el informe como falso.

Puede ser que nunca realmente sepamos qué fue lo que pasó. Como también podemos estar seguros que nunca nadie se responsabilizará por el suceso. Sin embargo, de lo que sí podemos estar seguros es de los aspectos técnicos. El misil sí fue disparado desde el este de Ucrania y en ese momento, como actualmente, la zona se encontraba en manos de los separatistas ucranianos pro-rusos. No se puede afirmar cien por ciento de quién es la culpa, después de todo no hay pruebas rotundas. Pero, ahora, de cierta forma, la balanza se inclina más hacia un lado en vez de a ambos, dejando a las autoridades con un sospechoso menos.

Con información de: El País y The Guardian

Maite Mainero