Fachada de Bataclán en abril de 2008, uno de los lugares en los que se registró ataque el viernes 13 | Imagen:  Céline de Dublin, Ireland (creativecommons.org)

Fachada de Bataclán en abril de 2008, uno de los lugares en los que se registró ataque el viernes 13 | Imagen:
Céline de Dublin, Ireland (creativecommons.org)

Ernest Hemingway afirmó que “París nunca volverá a ser igual, aunque seguía siendo París”. En ese entonces su declaración hacía referencia a un destino algo diferente. Sin embargo, su afirmación se convirtió en una verdad absoluta a partir del viernes pasado: viernes 13 de octubre.

A las 21:20 hubo tres explosiones fuera del estadio nacional durante un partido entre Francia y Alemania; el presidente francés, François Hollande, fue retirado de las instalaciones mientras que el partido continuó; la audiencia, sin embargo, tuvo que esperar varias horas dentro del campo antes de poder salir. Cinco minutos más tarde 14 personas murieron después de que fueron atacadas por un hombre en dos establecimientos: Le Carillon y Le Petit Cambodge.

A las 21:32 cinco personas murieron tras un ataque en una pizzería y cinco minutos después, en otro ataque, 19 personas murieron. El último ataque –y el más mortal– fue a las 21:49 durante un concierto de rock en donde murieron 87 personas.

Alrededor de 129 personas murieron en menos de media hora en distintos ataques en París, aunque el número ha incrementado a 132 en los últimos días. ¿Los responsables? Siete atacantes murieron durante los atentados y actualmente las autoridades europeas “han puesto en marcha una operación internacional para capturar a otros individuos vinculados con los ataques”.

Estos ataques no fueron producto de lobos solitarios. El Estado Islámico (EI), también conocido como ISIS, se adjudicó todos los atentados en la capital francesa e incluso afirmó que habría más. Esta adjudicación fue reconocida como una declaración de guerra a la que Francia no tardó en responder.

El mandatario francés declaró a su país en guerra, la mañana del lunes desde el Palacio de Versalles, diciendo que “no destruirán a la República. La República destruirá al terrorismo. Los autores de esos atentados deben saber que Francia ha derrotado a adversarios más temibles que estos cobardes asesinos”.

Su homólogo estadounidense, Barack Obama, quien afirmó que apoyaría a Francia en su guerra contra el Estado Islámico, también hizo una declaración después de los atentados. “Fue un ataque en contra de toda la humanidad y los valores universales que compartimos”, dijo.

Además de la simpatía que se ha mostrado a lo ancho del mundo, en redes sociales se creó un hashtag, #PrayForParis, mientras que en Facebook se habilitó una opción para cambiar temporalmente la foto de perfil con la bandera de Francia.

El presidente Hollande se reunirá con el presidente Obama y el de Rusia, Vladimir Putin, en los próximos días para discutir medidas contra el EI; además de que los primeros bombardeos comenzaron.

Parece ser que va a haber un cambio de táctica con respecto al enfrentamiento contra EI y el hecho de que Rusia entre en conversaciones sobre este cambio de estrategia es un gran avance. Por varios meses el país más grande del mundo se ha mostrado un tanto indispuesto e incierto con la adopción de medidas en contra de ISIS, sobre todo por su cercana amistad con Siria, país que se ha enfocado en combatir a los suníes menos radicales antes que ISIS. Sin embargo, los atentados en París han cambiado el panorama.

Todos tenemos ese tío incómodo: aquel pariente que no nos cae bien pero que de vez en cuando necesitamos. Resulta ahora que Rusia es ese tío incómodo, el país que casi todos odian pero que, en cuestiones de emergencia, resulta vital; tiene lo que siempre ha querido: al mundo en sus manos, pues parece ser que es el que tiene la última palabra. Puede ser el as bajo la manga o el que nos apuñala por la espalda.

Con información de The Guardian y BBC Mundo.

Maite Mainero