El deprimido Insurgentes-Mixcoac es un proyecto vehicular que realiza el gobierno del Distrito Federal a través de la Secretaría de Obras y Servicios en la delegación Benito Juárez. Esta obra abarcará 20 mil metros cuadrados, desde el cruce de Insurgentes hasta Río Mixcoac. El primer desnivel medirá 875 metros de largo y estará a 5.5 metros de profundidad; el nivel inferior tendrá 130 metros de longitud y 12.2 metros de profundidad. El deprimido tendrá varios niveles de incorporación, uno de ellos tendrá entrada en Insurgentes y salida en Barranca del Muerto, mientras que el otro nivel, dirigido hacia Universidad, tendrá salida hacia el Eje 8 Sur.

El Gobierno del Distrito Federal dio a conocer que la importancia de esta obra radica en que contribuirá al mejoramiento urbano y mantenimiento integral del Circuito interior de la Ciudad de México.

El deprimido es un proyecto que ha sido muy cuestionado por su falta de transparencia, legalidad, utilidad y pertenencia, además de por su impacto ambiental: uno de los aspectos que más ha preocupado a los vecinos de la delegación Benito Juárez es el derribo de árboles para construir esta obra. La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) analizó la Manifestación del Impacto Ambiental (MIA) y el resultado emitido por la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal (Sedema) para hacer el estudio “Consideraciones sobre el arbolado que se pretende derribar para la construcción del proyecto Fase 2 Deprimido Vehicular Insurgentes-Mixcoac”, en el que se muestran irregularidades e irresponsabilidades ambientales en la obra.

La delegación Benito Juárez tiene una superficie de 26.6 kilómetros cuadrados y abarca 56 colonias, como la Del Valle, Portales, Narvarte y Nápoles;  su población es de aproximadamente 360 mil habitantes. A pesar de ser una de las delegaciones más pequeñas del Distrito Federal se encuentra envuelta en grandes construcciones que impactan directamente en el ambiente; en un perímetro de cinco calles hay al menos tres construcciones, lo que da pie a un boom inmobiliario tanto de obras públicas como privadas.

El desarrollo inmobiliario es un negocio que aporta mucho a los bolsillos de quienes lo realizan; es posible pensar que el beneficio económico es lo único que preocupa a la gente, pero los habitantes de esta delegación son un claro ejemplo de que la sociedad sigue consciente de la importancia que tiene el bienestar ecológico en el futuro de la ciudad.

El ingeniero Héctor Rojas, de 38 años, es ahora líder vecinal del Parque Luis G. Urbina –mejor conocido como Parque Hundido– y platica sobre la lucha que ha emprendido desde hace  más de cinco años para defender las áreas verdes en la delegación. El título que ahora tiene como representante de los vecinos surgió en 2010, después de lograr, junto con los vecinos de la zona, que detuvieran la construcción ubicada dentro del parque en la calle de Millet.

“Yo corría aquí todas las mañanas y un día vemos que están tirando parte del parque y empezaron a construir dentro de él, muchos vecinos pensamos que era para mejoras del parque pero era más bien una obra particular… en ese entonces la lucha se ganó, todos los vecinos nos unimos y fue cuestión de pasar días y noches enteras moviéndonos hasta lograr que nos escucharan: tocando puertas en casas afectadas, juntando firmas para mandarlas a la delegación. Teníamos que hablarle a las personas, políticos. Mandar el mensaje adecuado a las personas adecuadas fue lo que nos permitió terminar con el edificio”, cuenta.

En conmemoración a la victoria que tuvieron los vecinos en esa ocasión actualmente existe una placa que recuerda el evento. Pero ahora la lucha es contra la destrucción del deprimido Insurgentes-Mixcoac.

Aproximadamente 30 vecinos, entre ellos amas de casa, profesionistas y estudiantes, se reunían para ver cuál era el siguiente paso.  El gobierno de la Ciudad de México ha mencionado en varias ocasiones la importancia que tiene esta obra para ayudar a disminuir el caos vial, siendo ésta una vía alterna para disminuir el tráfico que suele acumularse tanto en avenida de los Insurgentes como en Río Mixcoac.

Para que esta obra sea posible se han talado 398 fresnos, 33 cedros, dos ahuehuetes (consideradas Patrimonio Urbanístico por la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico Arquitectónico del Distrito Federal. Según la ley sólo pueden ser talados si están muertos o si presentan un alto riesgo real, si son talados bajo otra circunstancia será considerado un acto legal), además de 178 cipreses mexicanos, especie protegida por la Ley Federal NOM-059-SEMARNAT-2010.

Según el documento “Consideraciones sobre el arbolado que se pretende derribar para la construcción del proyecto Fase 2 Deprimido Vehicular Insurgentes-Mixcoac”, la delegación Benito Juárez es la que tiene peor déficit en superficie de área verde por habitante en todo el Distrito Federal. En esta delegación hay 2.9 metros cuadrados de área verde por habitante, esto es entre tres y cuatro veces menos que los estándares internacionales.

De acuerdo con la  Fundación para el Día del Árbol, un árbol maduro y sano puede producir suficiente oxígeno para 10 personas al año y absorbe 21 kilogramos de dióxido de carbono, equivalente a las emisiones de un automóvil que recorrería 41.842 kilómetros. Tree People, una organización no gubernamental con sede en Estados Unidos encargada de tener una sociedad urbana y sana, dice que los árboles limpian el agua y así remueven y almacenan el carbono al tiempo que liberan oxígeno al aire; un árbol crea un microclima y muchos árboles causan gran impacto para que el clima se mantenga en una temperatura constante. Mucha gente no está consciente de las propiedades que tiene un árbol de 50 años de vida.

La obra ha desatado gran inconformidad en los habitantes de la Benito Juárez, ya que además, en su inicio, no se convocó a una votación para comenzar la construcción. “Simplemente llegaban a tu casa y preguntaban si te agradaba la idea, si sí, te hacían una encuesta”, comenta Rojas. De esta manera se juntaron 180 firmas que validaron la obra.

Además de este deprimido, actualmente se están construyendo dos grandes proyectos en la delegación, la Torre Mítikah y Torre Manacar; ambas pertenecen a constructoras privadas y pretenden ser dos complejos de gran tamaño que alberguen a mucha gente, por lo que el caos vial que generarían sería un factor importante para que no pudieran concluirse. De acuerdo con los vecinos, una razón por la que se está construyendo el deprimido es para que estos dos edificios puedan brindar soluciones para que no se genere más tráfico, y así se puedan terminar de construir de manera legal. Además de todos los árboles que se van a talar a causa del deprimido, ésta es otra de las causas por las que varios vecinos se opusieron a la obra desde un inicio.

Dichas construcciones están aunadas a otras pequeñas que hay en la zona y que juntas crean un boom inmobiliario y de obras públicas, lo que genera un amplio crecimiento urbano de la delegación y disminución de áreas verdes, que son fuente de vida para cada persona que habita la ciudad.  

Actualmente sabemos con respaldo de la ciencia, el sentido común y los años que la degradación del planeta es cosa seria y que los árboles son la gran garantía del cambio. Encontrar un dato que represente la cantidad de árboles necesarios para que por su generación de oxígeno sustente las necesidades de un ser humano no es fácil. Las variables cambian dependiendo de la especie, edad del árbol, la zona geográfica y la altura, principalmente.

Para ilustrar mejor esta información Marcelo Moscoso Pantoja, consultor ambiental y aficionado de la educación ambiental, explica que “un árbol de 30 metros de altura, con diámetro en el tronco de medio metro en la base, produce unos 2.721 kilogramos de oxígeno, suficientes para que dos personas respiren por un año”. Dice también que “en promedio, un árbol genera 117 kilogramos de oxígeno anualmente. Dos árboles maduros proveen el oxígeno que usará una familia de cuatro miembros al año”.

Entre los argumentos que ha dado el gobierno de la ciudad para defender y continuar con el deprimido destaca que el Distrito Federal cuenta con muchos automóviles circulando a todas horas. Precisamente, si existen tantos coches en la ciudad, es necesario que haya árboles encargados de contrarrestar el dióxido de carbono que cada automóvil genera, ya que  “un árbol absorbe el  CO2 de un automóvil al año” (The tree facts).

Aún cuando la Ciudad de México ha registrado altos índices de contaminación desde 2012 y cuando la calidad del aire ha sido entre regular y mala, el gobierno del Distrito Federal ha hecho a un lado la importancia que tiene la existencia de áreas verdes en la ciudad, debido a la prioridad que le ha dado al desarrollo inmobiliario en los últimos años. En 2015 la calidad del aire fue regular pero se registraron cerca de seis días de precontingencia, según la Secretaría del Medio Ambiente. Si el gobierno respetara normativas adecuadas en el Reglamento de Obras Públicas, el número de áreas verdes que se conservaría sería mayor.  

El hecho de que el propio gobierno se defienda contra las acusaciones hacia el deprimido argumentando que llevará a cabo acciones de reforestación para contrarrestar el impacto ambiental que genera esta obra, indica que todos los árboles que han sido talados tenían una función importante para los habitantes de la delegación, lo que el gobierno no ha mencionado en sus informes es que únicamente destinará uno por ciento del presupuesto de esta obra para medidas de mitigación y compensación.

Debido a la inconformidad de muchos vecinos de la delegación y a las instancias legales a las que recurrieron se hicieron modificaciones al proyecto, pero únicamente para resolver la parte vial, y no se tomó en cuanta mejorar el proceso de reforestación o el impacto ambiental que está generando la obra.

En la página de la construcción del deprimido no hay explicación del proceso de reforestación, únicamente en una pequeña parte del plano hace referencia al lugar en donde plantarán árboles como magnolias, cerezos y cubresuelos, pero debido al tamaño que tienen estos árboles no pueden brindar los mismos beneficios que aquellos que removieron del camellón. Para que puedan proporcionar los mismos beneficios a los ciudadanos tendrán que pasar al menos diez años, en los que los índices de contaminación seguirán elevándose, y los automóviles nuevos en la ciudad multiplicándose.

Existe gran incongruencia entre el Manifiesto de Impacto Ambiental y el informe final emitido por la Secretaría del Medio Ambiente respecto del número de árboles que serán derribados y los que serán trasplantados, ya que ni la secretaría ni la delegación han sido claros sobre lo que pasará con estas nuevas áreas verdes.

Los meses posteriores a la aprobación del deprimido estuvieron ocupados por juntas vecinales y manifestaciones en contra de la tala de árboles pero el gobierno no dio respuesta a estas peticiones. Los vecinos de las colonias más cercanas a esta obra se unieron a través de otras maneras para intentar salvar a los 398 fresnos ubicados en el camellón de Río Churubusco. A lo largo de su lucha intentaron la revisión de la ley, convivencias en el camellón, mantas, publicaciones en Facebook, YouTube, pero la construcción sigue.

Una de las activistas que ha estado presente en todas estas acciones a lado de Héctor Rojas es la arquitecta Raquel Rodríguez Martínez, una uruguaya preocupada por la ecología mexicana y que ha formado parte de la coordinación de actividades contra la obra.  Dentro de lo que la arquitecta menciona que han hecho están las solicitudes y peticiones de información con el sentido de que era una obra de la cual los vecinos no tenían conocimiento. Por eso lograron que la obra se detuviera cuatro meses. Uno de los motivos por los que decidieron comenzar este movimiento es porque al obtener el estudio de impacto ambiental descubrieron que había muchos impactos negativos y sólo uno positivo, así que Raquel Rodríguez afirma que “por la parte ecológica, no tenía ningún sentido realizar esta obra pública”.

Ni Raquel, Héctor u otros vecinos de la delegación están en contra de las construcciones como tal ni del progreso, porque eso es parte importante de cualquier ciudad, saben que las construcciones son de las actividades que más empleos generan, pero lo que ellos mismos dicen es que “una cosa es construir algo que se pueda, deba y que esté bien, tomando en cuenta todos los puntos de vista hasta que esté bien dentro del entorno, y otra es construir con el ánimo de hacer negocio pasando encima de quien sea, el problema es el abuso”.

Los vecinos encargados de los movimientos para detener la obra están desilusionados ya que no lograron detenerla, y nada de lo que intentaron ha funcionado, esto se debe a que no se están enfrentando ante una constructora privada como lo fue en el caso de la construcción del Parque Hundido, sino a una obra pública.

El gobierno del Distrito Federal tampoco quiso escuchar las razones ecológicas de peso que tenían los vecinos, no respetaron las especies protegidas ni van a replantar con equivalentes.

La batalla está perdida, la única esperanza de los vecinos es que el deprimido ayude a la comunidad, y que todas las promesas hechas sean cumplidas. En cuanto a las áreas verdes lo único que queda es esperar unos 50 años para poder obtener los beneficios que tenía la arbolada en Insurgentes-Mixcoac.

Maite González Barberena, Jimena Ibarra Díaz,

Ana Luisa Pérez Olagaray Ortiz, Claudia Sánchez González

 

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 Este reportaje forma parte de una serie de textos que se trabajó en la clase de Periodismo especializado, a cargo de la profesora Verónica Sánchez, durante el segundo semestre de 2015.