Matizada en el pasillo infinito, donde camina apresurada y con la cara roja, Guadalupe Reyes hace una pausa cada dos minutos para poder tomar aire y seguir su trayecto. Gotas de sudor corren por las mejillas de la mujer, mientras sus cansadas y frágiles piernas se apoyan en bastones ingleses atados a sus muñecas para poder sostenerse. A unos cuantos pasos más está el elevador. Me imagino el sentimiento de alivio que debe generarle.

La línea dorada inició operaciones en octubre de 2012

La línea dorada inició operaciones en octubre de 2012

Al llegar al ascensor de la estación Parque de los Venados de la Línea 12 del metro, Guadalupe pasa una tarjeta y me ofrece subir con ella. Joaquín Medina, el oficial de seguridad, verifica que los pasajeros que lo utilizan cuenten con alguna discapacidad y con la tarjeta Libre Acceso, otorgada por las autoridades del metro a quienes están en esta condición. La señora de la tercera edad me invita al ascensor porque traigo muletas, pero, a diferencia de ella, no cuento con algún problema motriz. Me he vendado el pie porque otra reportera –Tania– y yo –Paola– hemos venido a comprobar que las estaciones de la Línea 12 del metro de la Ciudad de México cuenten con la infraestructura necesaria para las personas con discapacidad.

Desde su apertura el 30 de octubre de 2012 la línea 12 ha recibido innumerables críticas a su servicio y estructura, incluyendo varias denuncias respecto a las adaptaciones para minusválidos. Debido a nuestro interés por este grupo de población y al hecho de que nadie está exento de sufrir una lesión que le impida moverse con normalidad decidimos investigar si las autoridades están cumpliendo con su obligación de garantizar a las personas con discapacidad accesos, instalaciones y servicios adecuados, en lo que se refiere a apoyo técnico y a personal capacitado. Así lo establece la ley Ley General Para la Inclusión de Personas con Discapacidad en su capítulo V, artículo 19°, fracción segunda.

En la Ciudad de México 431 mil 627 personas viven con una discapacidad, según estimaciones del Instituto para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad en el Distrito Federal (Indepedi) del año 2012. Más de la mitad —57.6 por ciento— cuenta con una discapacidad motriz, en su mayoría causada por alguna enfermedad o edad avanzada.

Además, en el primer trimestre de este año, 12 millones de personas utilizaron la Línea Dorada. ¿Cuántas de estas personas no tendrían una discapacidad motriz?

En el primer trimestre de este año 12 millones de personas utilizaron la Línea Dorada

En el primer trimestre de este año 12 millones de personas utilizaron la Línea Dorada

Días antes de nuestro recorrido hablamos con Luisa Peña, especialista en personas con discapacidad motriz, quien nos dijo que la red del metro debería contar con elevadores para que estas personas puedan tener un acceso fácil con la silla de ruedas, bastones, andaderas o cualquier apoyo que utilicen. “Las rampas también serían una excelente opción, al igual que escaleras eléctricas y pasamanos en todos los accesos de las estaciones y a lo largo de los pasillos”, agregó. En opinión de la especialista, los vagones también deberían acoplarse con sillas plegables para que hubiera más espacio para sillas de ruedas dentro de éstos.

En el recorrido que hicimos un viernes de junio encontramos que las nueve estaciones en funcionamiento de la Línea 12 cuentan con elevador, rampas e incluso en la estación Mexicaltzingo hay unas plataformas para sillas de ruedas en las escaleras que facilitan la movilidad de los usuarios.

Itzel López, hija de Guadalupe, le comentó a Tania –quien salió con ella de la estación por las escaleras mientras su mamá y yo subíamos por el ascensor– que los elevadores no siempre han funcionado bien.

“Antes se descomponían porque mucha gente se subía”, le comentó. “Entonces a los que no lo necesitaban se les hacía fácil subirse al elevador, metían tablas y hasta cajotas”.

Las fallas de los elevadores decrecieron a partir de que se controló el uso de ascensores con las Tarjetas de Libre Acceso. Éstas no tienen costo y son sólo para las personas que cuentan con alguna discapacidad.

Línea 12

El uso de los elevadores se controló con las Tarjetas de Libre Acceso

En nuestro recorrido pudimos observar cómo entre empujones y metidas de pie los usuarios de la estación se abrían camino sin ceder paso a nadie. Vimos la línea amarilla del suelo difuminarse al momento en que miles de transeúntes peleaban por entrar primero al vagón del metro. La gente invisibilizaba a las personas en sillas de ruedas, muletas o bastones, obstaculizando su paso por las estaciones.

Hablamos con Karen Vega, una mujer de 20 años, quien aunque no utiliza muletas o silla de ruedas tiene un padecimiento en las piernas por el cual las escaleras y los largos tramos le representan una dificultad.

“A mi parecer el Metrobús es mucho más fácil de usar, aunque creo que el problema (en general) es la falta de educación de la gente. No te respetan”.

Sin embargo, éste no es el caso de Joaquín Medina, el oficial encargado del elevador que utilizamos Guadalupe y yo. Con la sonrisa escondida entre el bigote subió presuroso por las escaleras y nos abrió el elevador en el acceso a la calle.

Itzel, la hija de Guadalupe, y Tania salieron por las escaleras a la calle. Ambas se dirigieron hacia el elevador que sobresalía de la acera, a unos cuantos metros, para encontrarse con nosotras.

“Espero que su amiga su mejore, cuídense mucho y que Dios me las bendiga”, se despidió Guadalupe con una sonrisa.

Paola Jiménez y Tania Cortés

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Esta crónica forma parte de una serie de textos que se trabajó en la clase de Periodismo especializado, a cargo de la profesora Verónica Sánchez, en el curso de verano 2015.