El toro 396, de la letra “N” del año 2007, aretado con el numero 96 rojo, murió en el campo. Los únicos datos que obtuvimos de él son que era negro, lucero y bragado. En la tienta, vimos que fue voluntarioso, de largo iba al caballo y era noble, calificado como regular (R). No alcanzó nombre, no llegó al ruedo de ninguna plaza. Murió al ser atacado por un coyote a los pocos meses de la tienta.

No consiguió cumplir su destino, el del toro bravo: llegar a ser lidiado en un ruedo. En cambio, toros como “Fandanguero”, “Islero”, “Avispado”, “Burlero” y “Navegante” lograron su objetivo, obedeciendo a su naturaleza brava y de pelea. Quedarán por siempre en la historia, unidos sin separación posible a Guitanillo de Triana, Manolete, Paquirri, Jose Cubero “Yiyo” y José Tomás, respectivamente.

 “El toro es el elemento más importante del espectáculo taurino, pues obviamente sin él, no habría fiesta” aseguró Julio Uribe, propietario de la ganadería Torreón de Cañas. “Nuestra labor es vital para el cuidado del animal y la garantía de la continuidad de la casta”.

El toro sardo tiene pelo de los tres palos: blanco, colorado y negro. Crédito: Camila Raynoso

La labor del ganadero dentro de la vida del toro bravo es fundamental, ya que, sin él, se perdería la pureza de la sangre, los encastes y -sobre todo- la naturaleza del animal.

En nuestro país existen 259 ganaderías registradas en la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia. Manuel Sescosse, ex presidente de dicha sociedad, nos platicó de los primeros asentamientos ganaderos en Mexico.

 Desde los inicios de la historia, el hombre siempre ha vivido del campo; primero empezó a trabajar la tierra, domesticar animales y a tenerlos en corrales para su consumo. Desde estos remotos orígenes de la ganadería, la historia se fue transformando y evolucionando a la par de los animales.

“En México, gracias a la investigación y el testimonio de varios autores especializados, sabemos que la ganadería más antigua y, que aún está en pie, es la de “Atenco”, fundada en 1522” dijo Sescosse.

 Otra ganadería importante es “El Cazadero”, ubicada en Querétaro y que fue en su momento propiedad de Ricardo Hornedo. Esta fue de las primeras en comprar sementales españoles para mejorar el ganado criollo que poseía. Principalmente, importó toros de Eduardo Ibarra y Miura.

El toro nevado es aquel que, sobre una superficie oscura, tiene manchas irregulares como si le hubiera caído nieve. Crédito: Camila Reynoso

La propiedad fue vendida a Miguel Dosamanes, quien es dueño de otras ganaderías como Peñuelas y Venadero, las cuales, al paso de los años, vendieron a Julio Herrera el terreno que después adoptaría el nombre de “Xajay”, donde Javier Sordo Madaleno, actual propietario, agregó sementales de Piedras Negras para aumentar la nobleza y bravura.

 “Ser ganadero requiere de mucha paciencia, ya que los trabajos realizados con los animales, como la creación de empadres, compra de sementales y más, dan fruto hasta después de unos 4 o 5 años”, afirmó el arquitecto y ahora empresario Sordo Madaleno.

 El toro y la ganadería brava mexicana

 Para entender la labor de las ganaderías, es importante empezar estudiando al toro bravo y su significado dentro de la fiesta brava. El toro es una especie de bovino propicio para la lidia, el cual debe tener cualidades primordiales como bravura, nobleza y poder.

 Un toro bravo es criado en las ganaderías durante cuatro años antes de salir a una plaza a cumplir su destino; esta faena que dura unos pocos minutos, es la razón de su existencia.

“Nuestro trabajo llega hasta la plaza, es ahí donde le toca a los toros honrar a su casa”, comentó Julio Uribe Curn, antes que se lidiara un encierro de Torreón de Cañas en la feria de Texcoco este año.

Se debe conocer al toro por dentro y por fuera; para esto recurrimos al fenotipo y al genotipo de los encastes.

 Fenotipo del toro bravo mexicano

El fenotipo es el conjunto de características anatómicas que definen al toro, son hereditarias y controladas por los genes; en otras palabras, es lo que se puede ver a simple vista. Además de marcar las capacidades y aptitudes de un animal, nos habla del origen y la estructura funcional de cada casa ganadera. Para entender esto es importante saber que el cuerpo del animal se divide en tres y cada parte tiene sus propias características

El toro cárdeno tiene una mezcla uniforme de pelos blancos y negros. Crédito: Camila Reynoso

La primera es el tercio delantero, que incluye la cabeza y el cuello. Ahí se encuentran las defensas fundamentales del toro, lo conocemos como pitones. En el cuello se encuentra el morrillo, ea cual debe ser fuerte, grande y grueso, pues es ahí donde -a simple vista- se refleja su poderío y lo que ayuda a imponer dentro de un ruedo.

Después, viene el tercio medio, que incluye el tronco y el tórax, además del lomo, vientre, costillas y bragadura. El lomo del toro de lidia debe ser recto, amplio y musculoso.

 Por último, el tercio trasero, que es el que agrupa extremidades posteriores y la cola. El ganado bravo no suele desarrollar mucho esta zona como el de engorda, pero es vital para que se sostenga, tenga equilibrio y fuerza al embestir. La cola o rabo nace de una continuación de la columna y debe ser fina, larga y poblada al final.

Las extremidades traseras o patas deben ser extremadamente fuertes, ya que, a lo largo de los años, la ausencia de esta característica ha causado problemas en los ruedos.

El berrendo es un toro que tiene pelo blanco de base con manchas desiguales de otro color. Crédito: Camila Reynoso

Aunque cada casa ganadera tiene su propio sello, los toros sostienen similitudes entre sí: la cabeza pequeña, fina, bajo de agujas, el lomo firme y musculoso. En promedio, el peso ideal del toro mexicano oscila entre los 480 y los 520 kilos, ya que, el exceso de peso, en lugar de ayudarlos, los perjudica.

 “Es importante saber que los kilos no le dan la presencia necesaria a los toros para estar dentro de una plaza, el tamaño pasa a segundo plano cuando la cara y las extremidades son pequeñas. Lo importante para enviar un toro a una corrida son los años y las extremidades”, aclaró Sescosse.

 Genotipo del toro bravo mexicano 

 Las características que definen el comportamiento y la actitud de los toros de lidia, de origen genético, son llamadas genotipo, que son factores que no se pueden ver a simple vista, solo podrán identificarse con una gran observación y objetividad al juzgar principalmente en una tienta.

 “La tienta es el lugar donde se prueba al toro, se califica y se decide su futuro, es como un laboratorio dentro de la ganadería”, cuenta el empresario Julio Uribe.

Una de las pintas más abundantes en México es la castaña. Crédito: Camila Reynoso

 La tienta suele realizarse en el llamado tentadero, que no es más que un ruedo dentro de la ganadería. Existen de becerras y de becerros. La diferencia es que las hembras se torean y los machos no, ya que estos lo serán más adelante, pero dentro de una plaza de toros. El ganado bravo solo se puede torear una vez, pues durante la lidia, aprende lo que es el engaño y por lo tanto se vuelve imposible de capear.

 La costumbre es hacerlo cuando el ganado cumple los dos años, edad suficiente a la que se pueden observar sus cualidades de bravura. Lo principal para observar es la reacción del animal ante el castigo de la puya del picador. Tras analizar su actuar, el ganadero otorga una calificación al becerro o becerra.

 Una vez pasada la pica, en el caso de las hembras, se desarrolla una lidia de muleta similar a la de una plaza de toros. Con la diferencia de que el torero trabaja más para el ganadero que para el público o, incluso, para sí mismo. Ahí se puede observar el estilo de la becerra.

 Las becerras seleccionadas servirán de madres, y, según sus características, se cruzarán con los sementales de la ganadería. Las becerras que no sirvan, serán desechadas.

El toro con pelo color gris recibe el nombre de cenizo. Crédito. Camila Reynoso

En la tienta de machos, como no se torean, solo se verán sus cualidades al caballo. Los becerros son colocados por los toreros a cuerpo limpio.

 Gracias a las tientas, se cataloga a los toros como blandos; es decir, cuando salen sueltos a los caballos y dejan la suerte de varas al sentir; mansos, cuando carecen de bravura; querenciosos, cuando el toro vuelve en repetidas ocasiones a un determinado sitio para estar en él; y voluntarioso, cuando acude por iniciativa propia al engaño, aun sin ser citado.

 La naturaleza del toro bravo es necesaria para que la fiesta siga en pie, pero la labor de un ganadero es vital para la existencia de esta raza, así que en estos días de fiesta y ferias taurinas por todo el país, como Texcoco y Aguascalientes, se debe celebrar y agradecer la labor de los propietarios de estas ganaderías, ya que sin ellos nada de esto sería posible.

 Camila Reynoso y Rodrigo Estrada